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Si son puros sus anhelos, vote usted por Vasconcelos* / Aída Alcalá Campos**

Cuarta y última entrega sobre la obra universitaria y educativa de José Vasconcelos, su paso por la historia revolucionaria y la política mexicana, su filosofía, discursos y obra literaria.


EXCLUSIVA COMUNICA .-1929 fue un año aciago para José Vasconcelos, el memorable y eminente impulsor de la misión, acción y pensamiento del ente universitario nacional, el rector más preclaro de la Universidad Nacional de México, hoy UNAM y del creador de la Secretaría de Educación Pública, emprendedor de una educación universal, católico creyente y defensor de la inteligencia infantil y su derecho al conocimiento de excelencia que le abriera a los niños, adolescentes y jóvenes, las puertas a las aspiraciones lógicas y naturales de todo ser humano por alcanzar un futuro promisorio.

Después de la firma de los Tratados de Bucareli en 1923, firmados entre México y los Estados Unidos -“leyenda negra” de la política y la diplomacia mexicana del obregonismo- en los que se desincorporaban de la propiedad de la nación los yacimientos petroleros, y ante el asesinato del memorable senador campechano, oriundo de Palizada, Francisco Field Jurado, franco opositor del tema al igual que Vasconcelos, este condenó enérgicamente el atentado y renunció al cargo de secretario de Educación Pública.

1924, era año de elecciones para gobernador de Oaxaca. Vasconcelos se declara opisotor al régimen oficial y presenta su disposición a la gubernatura del Estado de Oaxaca, registrándose como Candidato Independiente apoyado “por los elementos más intelectuales del Estado que militaban en el Partido Liberal Constitucionalista”. Tenía un buen número de simpatizantes pero, ante su notorio anticallismo, la legislatura local le entrega el triunfo al general Onofre Jiménez. Vasconcelos partió entonces al exilio, para regresar en 1928 y contender por la Presidencia de la República.

Vasconcelos porfiaba en su fe por la democracia, en su fidelidad al pueblo y en la correspondencia de este al ideal de una nación progresista, unida e impulsada por su conciencia nacional y política. Creyó vehemente que el camino era obtener la victoria en las urnas. Las elecciones presidenciales de 1929 lo llevarían al poder ejecutivo y este a los más grandes tiempos de la nación mexicana y de los mexicanos. No fue así.

Vasconcelos es nominado candidato presidencial por el Partido Nacional Antirreeleccionista el 5 de Julio de 1929; meses antes, el Gral. Pascual Ortíz Rubio fue el abanderado del partido oficial de entonces, el PNR. El exrector de la Universidad Nacional de México y fundador de la SEP, un hombre carismático, de fuerte personalidad, un afamado pensador político y excepcional orador, probado personaje en pro del bien de México; opositor del candidato del Partido Nacional Revolucionario (PNR), diplomático, militar y político, con una personalidad insegura y de bajo perfil político no sería un obstáculo a vencer. Tampoco fue así.

José Vasconcelos Calderón se despeñó en una contienda electoral totalmente desigual. Orquestada por una organización de reciente creación pero con “una capacidad de manipulación y fuerza política”, apoyada totalmente por el régimen presidencial en turno, el resultado le fue adverso al ‘Maestro de la Juventud de América’.

Las elecciones se realizaron el 17 de noviembre y el organismo electoral de entonces indicó que Pascual Ortiz Rubio había logrado el 93,58% del total, mientras que Vasconcelos se había levantado con tan solo el 5,42%. Una burla de una extensión que abarcó a la elección completa, a ambos candidatos, a la nación y a todos los mexicanos.

Muchos estudiosos de la política mexicana consideran estas elecciones como uno de los fraudes electorales más importantes en la historia de México. El mismo Vasconcelos y sus miles de partidarios, así lo declararon en aquel entonces, “un fraude nunca antes visto en México”. ¿El ambiente de la Jornada Electoral? Igual que como ahora lo estamos viviendo: “control total o parcial de urnas por parte del gobierno y el PNR, más votos en ciertas poblaciones para el candidato oficial que el total de votantes registrados, asalto de urnas y manipulación de votos, grupos armados encargados de ejercer la coerción indispensable, asesinatos, arrestos secuestros”, etc., etc., etc.

Tras el flagrante fraude y sabotaje de la elección y ante la amenaza a su integridad física Vasconcelos decide exiliarse nuevamente hacia los Estados Unidos y desde ahí persuade a sus correligionarios a levantarse en armas. El gobierno amaga el movimiento armado en un santiamén.

10 años después (1939) Alemania invade Polonia dando inicio a la Segunda Guerra Mundial. México se encontraba bajo el gobierno del Gral. Lázaro Cárdenas quien mantenía una estrategia nacionalista y un posicionamiento antisajón que, dadas las circunstancias del momento, alimentó una germanofilia en muchísimos ánimos mexicanos. Así empezó a circular “El Timón, Revista Continental”, auspiciada por la cancillería alemana y cuyo director era nada menos que José Vasconcelos. Timón apenas duró del 22 de febrero al 15 de junio de 1940.

Es de todos conocido que el principal propagandista del ideal nacionalsocialismo de Adolf Hitler fue Joseph Goebbels. La publicidad construida por Goebbels para “manipular la opinión pública durante la guerra y engañar a la población alemana y al mundo exterior” tuvo el éxito de toda mentira facciosa, que más temprano que tarde se reveló por sí misma.

Vasconcelos coincidía con la ideología hitleriana de un nacionalismo puro, de unidad de la raza germánica; su afán en que México y toda Latinoamérica edificaran una raza fuerte y dinámica fundida en el mestizaje llevaba un camino muy parecido. Coincide también con el nazismo debido a la democracia fallida, ultrajada y corrompida por el régimen mexicano en el poder. Pero su desconocimiento, al igual que otras naciones y por el mismísimo pueblo alemán, sobre el objetivo del III Reich que motivó el inicio de la conflagración mundial y la intención de exterminar al pueblo judío europeo lo llevó a participar en la propaganda del Tercer Reich en México.

¿Ciertas naciones sabían lo que estaba pasando en cuanto al holocausto? Es verdad; pero no dieron crédito a la información. Era inconcebible para todo pensamiento humano. ¿Lo llegó a saber Vasconcelos? Ciertamente, pero tampoco le dio crédito, pensaba que eran ‘fake news’ de los adversarios del Führer. El desengaño, la confirmación tras las imágenes y noticias de los aliados y de los sobrevivientes de los campos de concentración provocaron en él un impacto tan fuerte que lo retornó a su humanismo, a su catolicismo ferviente que no volvió a abandonar. Condenó enérgicamente el holocausto, tanto como había defendido el nazifasismo en su momento y se alejó por completo de la ideología del nacionalsocialismo.

Los gobiernos siguientes al conflicto no hablaban de este episodio en la historia de México ni de Vasconcelos ni de Timón, y mucho menos del movimiento mexicano en torno a tan despreciable tema, hasta finales de los 90’. En estas dos últimas décadas se ha recriminado insistentemente la secrecía histórica del nazismo en México. Pienso que, como todo en los avatares de la vida social, las modas imperan, y una de estas fue la que al inicio de este milenio surgieron una serie de acontecimientos neonazis que voltearon la mirada de los historiadores e intelectuales interesados en este tema; y como todo personaje fascinante -cautivador y perturbador a la vez-, Vasconcelos saltó nuevamente a la palestra de la investigación académica e historiográfica que lo ha expuesto con cierta animadversión, sin tomar en cuenta contextos importantes, tanto de la historia de México como de las experiencias personales del pensador y político mexicano.

La filosofía vasconceliana abarca muchas temáticas políticas como las socio-culturales, las ideológicas, las financieras mexicanas, la política en sí, y por supuesto la pedagogía en la que afirmaba que “el paso del objeto al ser humano está marcado por el paso de la educación científica a la educación ética. Así como la primera comprende ramas como la física y la química, la segunda comprende la historia, la antropogeografía, el derecho, la economía y la política”.

En 1941, y hasta 1947, José Vasconcelos se desempeña como director de la Biblioteca Nacional y la enriquece con la fundación de la Hemeroteca Nacional. Desde 1939 fue nombrado miembro de la Academia Mexicana de la Lengua. En 1943 se convierte en uno de los miembros fundadores del Colegio Nacional. Presidió el Instituto Mexicano de Cultura Hispánica en 1948. En 1958 fue nombrado vicepresidente de la Federación Internacional de Sociedades Filosóficas, con sede en Venecia, entre otros cargos de importancia dentro y fuera del país.

Su vasta obra literaria, ensayística, y la nitidez extraordinaria de su argumentación discursiva han influido en el pensamiento filosófico, humanista y político de las generaciones mexicanas, latinoamericanas y del mundo. Su personalidad abierta, franca, impetuosa y firme lo convirtieron en una de las figuras más polémicas y controvertidas en la historia de la intelectualidad mexicana, pero también en un personaje carismático, animoso, inmenso, espléndido. El argentino Noé Jitrik, uno de mis más admirados críticos literarios, definió a Vasconcelos como “el mejor de los mexicanos y el espejo brillante de la equivocación”.

Iniciar por leer tan solo sus memorias, nos lleva a leer mas más de él y sobre él, sin importar que fuese un católico creyente o un hereje visceral según los vaivenes más álgidos de su vida. “Educador incansable, generoso e idealista; político de convicciones; viajero, narrador, historiador, periodista y uno de los pocos pensadores mexicanos (acaso el único) que edificó todo un sistema filosófico”, a mí me tiene cautivada, subyugada, desde hace muchos años.

El monismo estético La Raza Cósmica, La Flama. Los de arriba en la Revolución Mexicana, Estudios indostánicos, Historia del pensamiento filosófico, Breve historia de México, Estética, Teoría dinámica del Derecho, son una parte de sus publicaciones

En su autobiografía, publicada en cuatro volúmenes, Ulises criollo, La tormenta, El desastre y El proconsulado (en ese orden); Vasconcelos cuenta su vida y la historia del México de entonces, fusionando una entre otra con ingenio, pasión, sensualidad, vitalidad y energía, y esas mismas sensaciones nos van enamorando de ambos personajes: la historia mexicana y el escritor y político. Una historia no oficial sino vivida, experimentada; una historia que nos acerca más a la mexicanidad sin folclorismo sino crecida de genuino orgullo nacional.

Nació José Ma. Albino Vasconcelos Calderón el 27 de febrero de 1882 en la ciudad de Oaxaca. Abogado, político, filósofo, escritor, educador y funcionario público; el 30 de junio de 1959 a los 77 años, en el barrio de Tacubaya de la Ciudad de México, trabajando en Letanías del Atardecer, su obra póstuma, falleció.

Mucho me falta por leer de él y sobre él, su obra es vasta y los estudios sobre él la sobrepasan; pero siempre tendré presente sus textos sobre Sofía, su adolescente primer amor en Campeche, mi tierra. Sofía y Campeche dejaron en él una marca indeleble de su fuerte e intensa pasión por la vida y en su obra, ambas legados inconmensurables aún vigentes.

*Eslogan de la campaña política de José Vasconcelos como candidato a la presidencia de la República Mexicana en 1929.

**Aída Alcalá Campos. Es articulista de nuestro Grupo Editorial Comunica, ha sido catedrática de Literatura Mexicana e Hispanoamericana y fundadora de la cátedra Cervantes y su tiempo en la Facultad de Humanidades de la UAC; también impartió las materias de Sociolingüística y Lingüística General de la Escuela de Periodismo y Ciencias de la Comunicación del IC. Ha sido ponente en diversos congresos nacionales e internacionales sobre estos temas.

Fedro Guillén, Vasconcelos y yo
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JCAC


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