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José Sarukhán / "¿Una ciudad de vanguardia?"
09:05 OPINIÓN  
26 de octubre de 2012.-A veces los tiempos para expresar opiniones en la columna asignada no son propicios. Este artículo debería haber aparecido antes, pero ya había mandado el último de los varios relacionados con la seguridad alimentaria.  


"¿Una ciudad de vanguardia?"
José Sarukhán
26 de octubre de 2012


A veces los tiempos para expresar opiniones en la columna asignada no son propicios. Este artículo debería haber aparecido antes, pero ya había mandado el último de los varios relacionados con la seguridad alimentaria. Pues bien, aquí va.

A los agravios constantes de circular en la Ciudad de México, un enorme espacio urbano deteriorado, cruzado por todos lados de terracerías supuestamente cubiertas de pavimento, generosamente dotadas de baches y coladeras sin tapa, congestionamiento vehicular por todos lados y a todas horas, olores de cañería y basura por doquier, se une un agravio de otro tipo: empieza por lo visual para acabar de golpe en lo ético.

Me refiero, queridos lectoras y lectores a un tema que a estas alturas ya ha sido ventilado en la radio por Leonardo Curzio y Carmen Aristegui, en varios diarios con columnas claras y contundentes de buenos amigos y cartones magistrales de Paco Calderón. Ni mas ni menos, el pasado domingo mi respetado Jean Meyer le dedicó en nuestro diario un serio e incisivo texto a la totalmente inexplicable y absurda decisión, por parte del Gobierno del DF, de instalar una grotesca estatua de un similarmente grotesco personaje en nuestro Paseo de la Reforma; como ya muchos saben, se trata de quien fuese “hombre fuerte” de Azerbaiyán, Heydar Aliyev, de quien se han hecho detalladas descripciones de su personalidad tirana, su crueldad, corrupción y oportunismo político. Para redondear la lindeza, hay otro “monumento”, esta vez en la Plaza Tlaxcoaque, con un gran mapa del mencionado país y una figura que representa el supuesto “genocidio” (¡qué palabra tan fácil de prostituir!) de Azerbaiyanos a manos de los Armenios. Ambos, el señor sentado ostentosamente en el Paseo de la Reforma y la farsa de Tlaxcoaque —se ha informado— fueron pagados por la embajada azerí. No me extraña que una república otomana trate de lavar la fachada de su país, como otras embajadas otomanas, por las atrocidades cometidas contra el pueblo Armenio a principios del siglo pasado. El exterminio de los armenios por los “jóvenes turcos”, ese sí un genocidio, el primero del siglo XX, significó la muerte de alrededor de un millón y medio de armenios, acto que ha sido permanentemente negado por Turquía y sus adláteres otomanos, a pesar de ser reconocido por muchos países europeos, Francia por citar uno.

Que esos países quieran blanquear su imagen no me resulta extraño; lo hacen por todos lados. Lo que me parece inadmisible es lo que parece repetición de la historia con el “cambalache de espejitos y cuentas con los ignorantes nativos del país”; estamos siglos atrás de nuestra historia. ¿Qué base de relación diplomática, económica, cultural o de cualquier otro tipo tiene México con ese país como para aceptar lo que ha ocurrido? Apostaría a que por lo menos el 95% de mis amables lectores ni siquiera han oído mencionarlo.

A las múltiples opiniones críticas vertidas contra esta decisión del DF, la respuesta del Gobierno (en la persona del titular de Seduvi, Felipe Leal) fue que “no les corresponde (a ellos) decidir quién es considerado héroe nacional en Azerbaiyán, pero están abiertos a escuchar opiniones”. Tampoco entonces habría que decidir si el general Stroessner fue un héroe en Paraguay, o el Presidente Taylor de Liberia un defensor de la vida y los derechos humanos de los liberianos; ¿y si el club de “fans” de Saloth Sar (alias Pol Pot, el genocida de Cambodia) decidiese donar cierta cantidad de dinero para reivindicar su nombre? Incluso por qué no darle sitio al “negro Durazo”, en la incisiva sugerencia de mi colega Meyer. Podríamos tener en la ciudad una original avenida adornada con la más famosa escoria del mundo.

Bueno, el Gobierno del Distrito Federal no sólo ha escuchado y leído las opiniones —con más que abundancia— de voces y plumas muy respetables y variadas. Es un buen momento para rectificar —y un signo de madurez y sensatez hacerlo— y realmente acercarse a ser una “Ciudad de Vanguardia”.


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